28 nov 2011
26 oct 2011
Nuevo look (otra vez)
Lo dicho, para alegrar vuestra vista, aquí tenéis el nuevo hogar del anagrama.
Un saludo de Jean Loumès
25 oct 2011
Miguel Martínez de la Torre
http://miguelmartinezdelatorre.blogspot.com/
Saluditos!!!
30 nov 2010
2 oct 2010
Por un sombrero y un par de caballos (segunda parte)
Apretaba contra su pecho un rifle de poco calibre que había robado durante su huída. Hacía tres días que había escapado de la cárcel y era buscado desde entonces en todos los pueblos del condado. Claro que no era difícil pasar desapercibido teniendo en cuenta que cada uno de los asentamientos estaba en mitad de la nada separado del vecino por algo más de medio día de desierto rocoso en carreta y uno entero a caballo (por aquellos parajes no era muy usual ver camionetas o coches de gasolina, solo dentro de los pueblos y en la carretera principal) Era un suelo pobre donde junto al río se concentraba la mayor parte de la vegetación, quedando la restante relegada a crecer junto a postes de telégrafos y barriles abandonados.
Además del rifle, llevaba consigo una cantimplora casi vacía, un machete que también había cogido prestado colgado en el cinturón, un pequeño pañuelo azul atado a la muñeca izquierda y una brújula que no siempre funcionaba. Una situación algo triste en mitad del condado más olvidado de Norteamérica.
Pero ahora no le preocupaba nada que sus pies pisaran la arena que él consideraba más pobre del mundo entero, ni que sus reservas de agua no iban a permitirle llegar a Bass Town, ni que ni siquiera supiera si se dirigía a aquel pueblo porque su brújula marcaba el norte solo a veces. Ahora le preocupaba que lo matasen. Su cabeza se pagaba bastante cara y después de tres días lo habían reconocido en una taberna del este, no muy lejos del almacén de trenes, construido a menos de doscientos metros del apeadero de Stone Village, un pequeño pueblo lleno de salones y tabernas refugio de bandidos y fugitivos, gente con la que no era recomendado entablar conversación, un nido de peleas, muerte y discusiones donde los estómagos perforados por los revólveres eran el premio a una partida de póquer.
Tras una corta trifulca, había conseguido despistar a los que pensaban cobrar la recompensa escondido sobre un carro de gallinas hasta la noche. Entonces siguió la vía hasta el almacén y no tuvo más remedio que esconderse entre dos barriles a los pies de la alambrada al escuchar los caballos de sus perseguidores, que habían sido informados por una camarera de la dirección por la que había escapado su presa. No debió haberle pedido agua a aquella mujer, que, además de delatarlo, le había dado una cantimplora casi vacía. Estaba condenado.
Hacía unos minutos que acababa de escuchar como esos hombres desmontaban a sus respectivos caballos y como, revólver en mano, habían entrado en el almacén por la puerta que comunicaba con el pequeño edificio del telégrafo. Después de haber llegado tan lejos no quería que esos dos tipos pusieran en peligro su misión.
-Sabemos que estas aquí, East. Es inútil que te escondas- ambos tipos reían cada comentario que hacían. Pisaban con cuidado como si pensaran que las pisadas iban a delatar su posición y las risas no. Cada uno fue por un lado, el más viejo cruzó uno de los trenes por el hueco que había entre dos vagones en dirección a la pared opuesta. Se movía con agilidad a pesar de la edad que su aspecto daba a entender. Y el otro, con una barba de tres días poco cuidada y el pelo húmedo bajo el sombrero, siguió hacia delante acercándose a los barriles que escondían a Frank East. Cuando estuvo lo suficientemente cerca de él se incorporó de repente golpeando al tipo con el cañón del rifle. Al levantarse temió no haberle sacudido lo suficientemente fuerte como para noquearlo ya que sintió su pierna izquierda debilitada por haber estado tanto tiempo replegada bajo su peso. Pero el tipo perdió la consciencia.
El otro escuchó como su compañero había caído levantando una ligera niebla de polvo que no se apreció en la oscuridad. Frank East pateó el aire para despertar los músculos de su extremidad y después se agachó para revolver los bolsillos de la chaqueta del perseguidor. Con la mano que tenía libre sujetaba el rifle, no pretendía dispararlo, de hecho no estaba seguro de si estaba cargado o no pero siempre era bueno imponer un poco de respeto antes que ir totalmente desarmado.
-¿Roland? ¿Estás bien?- decía el otro tipo casi susurrando. Comenzó a sudar algo más de lo normal y su espalda tocó el segundo tren cuando retrocedía asustado. Al principio iba seguro de sí mismo, East estaba acorralado, desarmado y cansado. Eso era lo que creían. Pero su reputación le predecía, Frank East era un hombre fuerte y astuto, poco preocupado por su propia seguridad, dirían algunos. Decidido a la hora de actuar, un tipo duro de pelar, como solían decir por allí. Y pensar que su compañero ya podía estar muerto le asustaba demasiado. Levantó el revólver y comprobó que le templaba el pulso. Escuchó algo moverse cerca de él y giró su cuerpo con el arma al frente, después se dio cuenta de que apuntaba a la madera carcomida del mercancías. No pudo darse cuenta de nada más, Frank East le había golpeado la cabeza contra el vagón.
Frank recogió el sombrero de aquel tipo, le sacudió la arena y se lo puso. Cogió también el revólver y la funda y se la abrochó encima del cinturón.
Después los arrastró afuera con poco esfuerzo. La arena se revolvía en el aire al paso de los pantalones rasgados. Les ató las manos al poste de telégrafos con sus propios cinturones mientras murmuraba:
-¿Habéis montado un par de caballos para venir hasta aquí? ¡Joder!, si ahora estoy escuchando las voces de los borrachos. Si pudierais entrar en los urinarios con ellos, los montaríais para ir a mear- caminaba ya hacia los caballos cuando dijo esto último. No necesitaba nada más, tan solo confiaría en que su brújula esta vez apuntara al norte para llegar a Bass Town.
28 sept 2010
Por un sombrero y un par de caballos (primera parte)
No era un escondite perfecto, pero la oscuridad de la noche lo mimetizaba con la alambrada y las hiervas que crecían junto al poste. Un escarabajo se acercó a él dejando un pequeño rastro en la arena tras de sí. Había salido de debajo de un barril y comenzó a subir por su bota, sucia y ajada. En pocos segundos había recorrido la pierna entera, que apoyaba toda la tibia en el suelo recogiendo su cuerpo como un ovillo para no ser descubierto. La camisa estaba recogida en el pantalón solo en la parte derecha y un poco por atrás, la mayor parte estaba arrugada y a la vista. El escarabajo seguía subiendo por un lateral y cambió de idea cuando se acercaba a los charcos de sudor. El pecho, totalmente al aire y luciendo el tatuaje de un águila con las alas abiertas, también sudaba. Hacía mucho calor y la presión de ser descubierto subía aún más la temperatura. Giró el brazo lentamente y con sus dedos expulsó al escarabajo que cayó detrás de la alambrada produciendo un leve chasquido.
El fino alambre de pinchos acababa un poco más allá de los barriles, dando paso a un muro que cercaba el almacén de trenes. De las siete vías oxidadas que penetraban en el recinto de ladrillo, tres estaban ocupadas por mercancías viejos que parecían no haberse movido en años. Sus vagones estaban pendientes de ser cargados con una mercancía que no existía. Las cajas y barriles vacíos se amontonaban en el almacén dejando su madera a merced del tiempo.
Las grandes puertas (también de una madera que había sucumbido al tiempo) estaban cerradas a cal y canto (o pretendían estarlo) salvo una, la que permitía la entrada al primer tren o el último según desde que vía se empezase a contar. A pesar de no permitirse el paso al almacén (como rezaba un cartel metálico sobre la alambrada), las cadenas que intentaban sin éxito mantener pegadas las dos hojas de cada puerta invitaban a vagabundos y forajidos a pasar la noche en el interior. Además, en esa zona en la que el muro de ladrillo negro daba paso a la alambrada de pinchos se encontraba la entrada perfecta, pues no podía decirse que el alambre hiciese bien su trabajo.
Sobre los ladrillos se disponía una estructura modernista de metal que crecía como una enredadera en vertical y acababa fundiéndose en el techo como una tela de araña gigantesca. Sobre ella, el recubrimiento de ladrillo y teja dejaba entrever la luz de la luna en algunos puntos. Las goteras, sin embargo, no eran un problema ya que rara vez llovía en aquella tierra.
Pese a estos claros en el tejado, la iluminación era demasiado tenue y nadie podría verlo entre los barriles aunque pasasen por su lado. Sin embargo, debía tener cuidado, el más mínimo movimiento lo delataría, pues el silencio era absoluto. Tan solo el corretear de algunos escarabajos y unos grillos en las hierbas altas (en el poste de telégrafos) rompían la serenidad. Los cables que salían del poste se perdían en el oscuro horizonte, más allá incluso de las montañas, pasado el río. Y los cables que descendían del otro lado del poste iban a parar a un edificio diminuto, también de ladrillo ennegrecido, que crecía junto al almacén de trenes como la hierba.
21 feb 2010
Consecuencias positivas

10 feb 2010
Grandes inspiradores XII (os acordáis?)

22 ene 2010
Vientos de cambio
30 nov 2009
Regreso a mi blog para ofrecer un adelanto de mi próxima obra
-Esto es algo muy inusual y que, probablemente, te va a sorprender. A ver si eres capaz de responder a la pregunta mágica- dijo acercándose a una de las bandejas y tirando de ella con fuerza al acabar la frase. Lo hizo sin previo aviso con mucha fiereza y el rozamiento de los raíles de la bandeja provocó un ruido repentino que asustó levemente a Eric. Luego, el detective abrió la cremallera del oscuro saco abultado y mostró solo el torso del cadáver de un hombre anciano. Eric abrió los ojos, incrédulo, y sintió un horrible escalofrío.
-Y la pregunta mágica es: ¿qué coño le ha pasado?- Eric no sabía contestar, apenas podía articular una palabra por la impresión. Aquel cadáver (que era el del señor Jackson) no parecía haber pertenecido a ninguna persona viva; su piel estaba muy arrugada, pero no eran arrugas de vejez, parecía como si se hubiese creado el vacío en el interior de su cuerpo y toda su piel se hubiera plegado sobre sí misma. Estaba consumido, absorbido y extremadamente pálido. Los cuerpos inertes acaban palideciendo, lo hacen muy aprisa y eso son constantes que siempre se repiten. La palidez y el frío. Pero aquel rostro blanco no era normal, Eric no podía explicarlo pero sabía con certeza que aquel blanco no era el blanco de la muerte, sino de otro mal extraño ajeno a la comprensión humana. Era terrible, parecía una especie de muñeco artificial creado por alguna mente retorcida para infundir el peor horror en quién lo mirase.
-El forense no sabe cómo murió, bueno en realidad sí. Normalmente las partes bajas del cuerpo se ennegrecen porque es donde, por efecto de la propia gravedad, los fluidos vitales acaban muriendo. Este cuerpo está completamente pálido porque está desangrado, totalmente desangrado. Y cuando digo totalmente, es totalmente. No tiene una sola gota, nada de nada, está consumido, como si alguien se hubiera tomado la molestia de esperar a que no quedara la más mínima gota en su víctima. Lo han purgado-
18 jul 2009
Episodio VI (El retorno del Jedi)

Se acabó la frikada. Seguro que a los que sigan mi blog y odien La Guerra de las Galaxias se habrán acordado de toda mi familia. Pero uno tiene que recurrir a estas tonterías cuando quiere actualizar el blog y no se le ocurre nada. Pero ya se acabó, os prometo que empezaré a poner cosas interesantes a partir de ahora.
16 jul 2009
Episodio V (El Imperio contraataca)

Putos rencorosos!!! El Imperio regresa fuerte, es un poco más oscura que la anterior y vuelve a tener diálogos ñoños (parece ser q tio george siempre entiende las trilogias igual, pork es como la ekivalente del ataque de los clones en cuanto a dialogos tontos e historias de amor superñoñas) pero igualmente me encanta.
15 jul 2009
Episodio IV (Una nueva esperanza)
14 jul 2009
13 jul 2009
Episodio II (El ataque de los Clones)
12 jul 2009
Frikada number 1

No se preocupen, es puro aburrimiento. Sí, lo confieso: soy un friki de La Guerra de las Galaxias y aunque, como buen fan, odio en buena parte la nueva trilogía, para hacer un buen homenaje y muy a mi pesar voy a empezar por el que debe ser el comienzo. Así que aquí está la Amenaza Fantasma (Episodio I)
Proximamente, el resto.
7 jun 2009
Grandes inspiradores XI (bis)














